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Cómo controlar los enojos de tu hijo

21/07/2014

A todos no ha tocado ver en un cine, tienda, restaurantes o lugares públicos a niños llorando a pleno pulmón, tirando cosas, gritando o pegándoles a sus padres, a otros o incluso haciéndose daño a sí mismos por no obtener lo que quiere ya sea un juguete, una golosina, etcétera. Nos encontramos generalmente con unos papás avergonzados que no saben exactamente qué hacer y, en muchas de las ocasiones, cediendo a los caprichos de sus nenes. ¿Está todo perdido? ¿Si tengo un hijo especialmente voluntarioso hay algo que se pueda hacer?

La respuesta es sí, pero primero debemos comprender que el mal humor o las rabietas no son exclusivas de los niños, nosotros también nos enojamos cuando alguien se mete en la fila del cine, al manejar, si el vecino no recoge las hojas de su árbol; en fin, la vida está repleta de momentos que pueden llegar a hacer que perdamos el control. Pero si nosotros mismos encontramos difícil reaccionar debidamente, ¿qué no tan difícil será para un niño?

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Si queremos influir positivamente en ellos, debemos interiorizar que los niños aprenden las conductas que ven y si nosotros, como padres, no mostramos coherencia con lo que intentamos enseñar, no podemos esperar que ellos se comporten. Pensar en esto al momento de lidiar con una pataleta especialmente difícil, puede ayudarnos a mantener la mente tranquila para resolver y controlar la situación de manera exitosa y formativa.

La estrategia

Prevención
Observar a nuestro hijo es la mejor manera de prevenir una rabieta, por ejemplo, no hay que llevarlo de compras cuando aún no ha comido, o a un evento social si está cansado, no durmió su siesta, o ha pasado un trayecto largo en el carro. Con un poco de sentido común y poniéndonos en sus zapatos, podremos evitarnos episodios desagradables.

También se pueden tomar medidas como hablar antes para explicarle lo que se espera de él, como que esté tranquilo y se le aclara que se le comprará solo un dulce o que no se podrá en esta ocasión porque no hay dinero. Se le muestran algunos billetes o monedas explicando que se tienen para adquirir sólo los productos necesarios. Lo mismo puede suceder cuando están en el parque y empiece a exigir dulces. Se le muestran algunas monedas y se le explica que sólo se comprará lo que alcance.

Cuando empiece la pataleta permanecer tranquilos y firmes
Es normal que los niños entre el primer y segundo año de vida tengan “berrinches” ya que esta es la forma intuitiva que la naturaleza les brinda para mostrar su descontento con lo que sucede alrededor: una pataleta, al final del día, es su manera de mostrar inconformidad por algo que le causa angustia o sale de su control y si ve que con esto logran que su padres hagan lo que él quiere, no dudara en hacerlo nuevamente. Esto es normal por lo cual es muy importante no ceder ante sus demandas y al momento de corregirlo no perder el control o mostrarnos enojados, pero tampoco hay que dejarlo pasar: Una buena estrategia es llevarlo a un sitio apartado como el baño o el carro hasta que se calme y luego tratar de hacerlo entrar en razón y explicarle los motivos por los que están en ese sitio y avisándole lo que sucederá después para tranquilizarlo, decirle por ejemplo “Terminando de comprar el mandado subiremos al carro nos iremos a casa y mamá nos preparará una rica cena”.

 Cómo controlar los enojos de tu hijo

Nunca se le debe gritar no pegar a un niño que está haciendo una pataleta porque, a pesar de que el padre sienta que lo está corrigiendo, el niño sólo apreciará que sus padres se comportan de la manera violenta que precisamente le están corrigiendo, además los castigos físicos repercuten profundamente en su autoconfianza y demasiada disciplina puede transformar a un niño normal en uno muy rebelde.

Otras figuras de autoridad

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Por último, debemos trabajar en conjunto con otras figuras de autoridad que pueda tener el niño, como los maestros e instructores en general. Es común que cuando un profesor les informa a los padres sobre un comportamiento no apropiado de su hijo, estos generalmente se ponen de parte del niño, lo cual refuerza y fomenta una actitud rebelde a la autoridad en general. Es por esto que profesores y padres deben aliarse para ver cuál es la mejor estrategia para que el niño aprenda y acepte valores que le facilitaran su desenvolvimiento social el resto de su vida.